La historia
De ingeniera a nutricionista
Selen no se propuso ser nutricionista. Se formó como ingeniera informática. El método que hoy siguen miles de mujeres empezó como un problema que intentaba resolver para una sola persona: ella misma.
Creció en la región mediterránea de Turquía, con comida fresca, entera y sencilla. Luego, a los veintiún años, se mudó a Estados Unidos para estudiar — y la dieta occidental estándar le pasó factura. Subió de peso rápidamente, su digestión se vino abajo y su confianza se fue con ella.
Así que hizo lo que a todas nos dicen: dejó los carbohidratos, se saltó comidas, contó calorías. Cuanto más se restringía, peor se sentía. Ese fue el momento en que todo encajó — el consejo convencional no solo le fallaba, la estaba empeorando.
Volvió a lo único que sabía hacer: trató su cuerpo como un sistema que entender, no un problema que castigar. En lugar de eliminar cosas, se centró en equilibrar el pH, calmar la inflamación y apoyar la digestión con principios alcalinos y mediterráneos. En dos meses perdió catorce kilos, recuperó su energía y los problemas digestivos que la habían acompañado durante años desaparecieron.
"Mi formación como ingeniera se convirtió en mi mayor ventaja. Abordo el bienestar como la programación — con estrategia, datos y sistemas que de verdad funcionan."
Lo notaron sus amigas. Luego su familia. Luego desconocidas. Se tituló como nutricionista mientras aún trabajaba en una empresa, y el acompañamiento creció en silencio hasta superar su salario. Así que dejó atrás la ingeniería — y convirtió el método en una práctica que hoy ha llegado a más de diez mil mujeres. Lee la historia completa →